En una época dominada por la solemnidad de la guerra, el autoritarismo y el cine serio, la comedia Ninotchka marcada un cambio inesperado. Bajo la dirección de Ernst Lubitsch, Greta Garbo dejó atrás su imagen melancólica y se lanzó a una función humorística: la rígida comisaria soviética que va a París y ve tambalear sus convicciones. El País
Por primera vez, la Garbo ríe. Y en esa risa está el poder subversivo del film: una sátira al comunismo que también habla de deseo, transformación, hambre de disfrute y del choque entre disciplina y tentación. El País+1
La química entre Garbo y el encargado de derretir su frialdad —el sofisticado conde parisino— simboliza algo mayor: la apertura de lo rígido a lo humano, de lo ideológico a lo emocional. Y en ese cruce, el cine ganó un retrato que combina ingenio, estilo y valentía.
El legado de la película es evidente: no sólo supuso un giro en la carrera de Garbo —que hasta entonces interpretaba papeles más dramáticos— sino también demostró que una estrella pueda reinventarse. Wikipedia+2Wikipedia+2
Hoy, Ninotchka es mucho más que una comedia romántica de 1939: es una obra que refleja tensiones políticas de su tiempo, un gran ejercicio de estilo y una muestra de que el humor puede ser tan potente como el drama. Revisarla es entender cómo la Garbo, la “divina”, dejó de ser eterna para concederse una risa… y nosotros fuimos testigos.