Hay películas que fracasan en taquilla pero que la historia termina reivindicando. Alejandro Magno, de Oliver Stone, es una de ellas.

El director de Platoon y Nacido el 4 de julio creció fascinado por las grandes figuras heroicas de la antigüedad, y Alejandro Magno ejemplificaba todo lo que había en su cine: ambición, relaciones complejas y un genio único. Lo llevó a la pantalla grande en 2004, con Colin Farrell en el papel protagónico, Angelina Jolie como Olimpia de Epiro, Val Kilmer como Filipo, Anthony Hopkins como Ptolomeo y Christopher Plummer interpretando a Aristóteles.

Aunque fue un fracaso comercial, la película es considerada por muchos como una de las mejores recreaciones de la Batalla de Gaugamela en la historia del cine. Su valor histórico es tal que el historiador Tristan Hughes dedicó un episodio completo de 43 minutos a analizarla.

¿Y qué fue la Batalla de Gaugamela? El enfrentamiento definitivo donde Alejandro Magno derrotó al rey Darío III, provocando el colapso del Imperio Persa Aqueménida — el más grande y poderoso del mundo en ese momento — y abriendo las puertas a la expansión de la cultura griega por todo el mundo conocido.

La película acierta en gran medida con los sistemas de armamento de ambos bandos: las temibles falanges macedonias con sus picas de 6 metros, y la enorme diversidad del ejército persa, con arqueros, caballería pesada, camellos, elefantes y carros con guadañas. Un detalle especialmente fiel a los textos históricos es la forma en que los macedonios neutralizaron esos carros: simplemente abriendo sus filas para dejarlos pasar inofensivamente.

Claro que también hay licencias creativas: una escena en la que Alejandro cae de su caballo y es salvado por Clito el Negro ocurrió realmente, pero en otra batalla anterior, no en Gaugamela.

Con todo, sigue siendo una película que vale la pena (re)descubrir. Historia, épica y cine de otro tiempo.