El pasado 15 de marzo, Sean Penn ganó su tercer Oscar, esta vez como Mejor Actor de Reparto por la película Una batalla tras otra, dirigida por Paul Thomas Anderson. Sin embargo, lo que debería haber sido un momento de celebración se convirtió en una nueva muestra de su tensa relación con la Academia de Hollywood.

Penn decidió no recoger su premio, y fue Kieran Culkin quien aceptó el galardón en su lugar, con las palabras: «Sean Penn no pudo estar aquí esta noche, o no quiso, así que aceptaré el premio en su nombre.»

¿Por qué tanto rechazo? La historia viene de lejos. Penn está furioso con la Academia desde 2022, cuando se negaron a que el presidente de Ucrania hablara en la ceremonia de los Oscar, celebrada poco después de la invasión rusa.

Pero el conflicto tiene raíces aún más profundas. Cuando Penn era niño, su padre Leo Penn, veterano de la Segunda Guerra Mundial reconvertido en actor, fue víctima de la lista negra de Hollywood por apoyar a los sindicatos y negarse a delatar a sus colegas ante el Comité de Actividades Antiamericanas. A partir de entonces, no pudo volver a trabajar como actor.

Sean Penn describió en un artículo de 2012 cómo, de niño, caminando junto a su padre cerca de un set de rodaje, se cruzaron con el director Elia Kazan, quien había colaborado con su padre antes de la era de la lista negra. Kazan lo reconoció y lo llamó por su nombre. Fue la primera vez que Penn vio a su padre ignorar a alguien.

Para Penn, la Academia nunca estuvo a la altura. Hasta hoy, considera que la institución no ha reconocido claramente su propia complicidad en la vergonzosa caza de brujas de los años 50. Y los Oscar siguen siendo, para él, una deuda pendiente