Hollywood vive de los remakes, y Tom Hanks lo sabe bien: ya lideró varias nuevas versiones de clásicos a lo largo de su carrera. Pero hubo una película para la que parecía el candidato ideal… y a la que defendió a capa y espada para que nadie la tocara.
Se trata de El invisible Harvey (1950), la comedia fantástica protagonizada por James Stewart sobre un hombre que insiste en que su mejor amigo es un conejo invisible gigante. Hanks sonaba como protagonista perfecto para un remake en distintos momentos: ya en 1999 con Miramax interesada, y en 2009 con nada menos que Steven Spielberg mostrando ganas de dirigirlo, justo el director con quien Hanks había hecho Salvar al soldado Ryan, Atrápame si puedes y La terminal.
Pero el actor nunca quiso saber nada. En el año 2000, durante la promoción de Náufrago, fue tajante al ser consultado: dijo que era como plantear un remake de ¡Qué bello es vivir! y se preguntó para qué hacerlo. Su frase quedó grabada: pedía que dejaran la película en paz porque ya era perfecta tal como estaba.
Curiosamente, antes de que Hanks fuera tentado ya existían otras versiones, incluida una para televisión con Leslie Nielsen. Y el propio James Stewart llegó a repetir el papel años después, porque quedó tan insatisfecho con su trabajo original que quiso enmendarlo.