El rodaje de la mítica película Gladiator (2000) escondió un drama que casi pone en riesgo su estreno. El actor británico Oliver Reed, quien interpretaba al inolvidable Próximo, falleció repentinamente tras una noche de excesos en un pub de Malta. Reed, conocido por sus problemas con el alcohol, le había prometido a Ridley Scott no beber durante la filmación, pero rompió su promesa en su día libre y sufrió un infarto fulminante.
Para poder terminar el film, Scott tuvo que recurrir a una tecnología innovadora para la época: el uso de CGI (efectos digitales) para proyectar el rostro de Reed sobre un doble. El resultado fue tan perfecto que el actor recibió una nominación póstuma al BAFTA, convirtiendo su trágico final en el mayor éxito de su carrera.