A los 96 años y en medio de rumores sobre su retiro, Clint Eastwood sigue siendo tema de conversación en Hollywood. Y una vieja declaración suya explica, mejor que ninguna, por qué su carrera detrás de cámara terminó siendo tan larga.
El contexto: pasaron casi dos años desde el estreno de su última película como director, Jurado Nº 2, y por ahora no anunció ningún proyecto nuevo. Los rumores se encendieron cuando su hijo Kyle deslizó que su padre se había jubilado, aunque otro de sus hijos, Scott, salió a matizarlo diciendo que él no le había escuchado nada de eso al propio Clint. La única certeza es que Eastwood no confirmó nada, e incluso llegó a desmentir de plano una supuesta nueva película que le atribuían.
Como actor hacía rato que no trabajaba a las órdenes de otros directores, y desde Cry Macho (2021) tampoco se lo veía en pantalla en sus propias películas. Su debut como director había sido en 1970 con Escalofrío en la noche, y desde entonces nunca quiso soltar esa silla.
Lo interesante es el motivo. En una charla de directores organizada por The Hollywood Reporter en 2009 —junto a Ron Howard, Danny Boyle, Gus Van Sant, Darren Aronofsky y Ed Zwick—, Eastwood contó que su salto a la dirección fue un plan calculado. Ya en 1970 pensaba que, si lograba dirigir bien, tendría con qué seguir dedicándose al cine cuando fuera viejo.
Su frase resume toda una filosofía de vida y de oficio: uno puede quedarse detrás de la cámara para siempre, pero frente a ella llega un día en que te mirás en la pantalla y decís que no soportás ver a ese tipo envejeciendo ante tus propios ojos, y ya no sabés si querés seguir haciéndolo.
Ese «plan» le funcionó a la perfección: dirigió decenas de proyectos en las últimas décadas. Su último trabajo actuando para otro director fue en Golpe de efecto (2012), a las órdenes de Robert Lorenz. Después, la cámara fue toda suya.