La historia de Julia Roberts como la icónica Vivian Ward en Pretty Woman la conocemos todos. Lo que muchos no saben es que, antes de que ella fuera elegida, hubo otra actriz que rechazó ese papel… y cuya carrera terminó tomando el camino opuesto al de Roberts.

Esa actriz fue Emily Lloyd, una británica tres años menor que Julia, con un futuro brillante por delante. Con apenas 17 años se había mudado a Hollywood tras su papel revelación en Si estuvieras aquí (1987), que le valió elogios de la crítica. Era una promesa total. Incluso Steven Spielberg se reunió con ella para darle un consejo que, visto en perspectiva, suena casi profético: le dijo que no dejara que la industria la absorbiera, que se mantuviera joven, que se divirtiera y que fuera a Disneylandia.

Pero las cosas se torcieron. En 1990, Lloyd rechazó protagonizar Pretty Woman porque ya se había comprometido con otro papel: Sirenas. El problema es que terminó perdiendo las dos. Y la forma en que la echaron de Sirenas fue especialmente cruel.

Cuando arrancó el rodaje, llegó Cher, elegida para interpretar a su madre. Según contó la propia Lloyd, la estrella la miró fijo detrás de sus gafas de sol y le soltó que no se parecía genéticamente a ella. Lloyd, lejos de quedarse callada, le respondió que ella tampoco se parecía genéticamente a sí misma. Después de ese cruce, el vínculo era imposible. Despidieron al director —al parecer por pedido de Cher— y semanas más tarde le avisaron a Lloyd que ya no la necesitaban. La reemplazó Winona Ryder, con un peinado al estilo Cher.

Lloyd describió el episodio como una bofetada y no se quedó de brazos cruzados: sus abogados demandaron a la productora por incumplimiento de contrato y daños, y la justicia falló a su favor. Pero el costo fue enorme. Después vinieron más despidos —de Maridos y mujeres de Woody Allen y un reemplazo en Tank Girl—, sus problemas de salud mental se agravaron y su carrera fue quedando relegada a papeles secundarios. Hace más de una década que dejó de actuar.

Una historia que muestra el lado más duro de Hollywood: lo rápido que puede apagarse una promesa cuando la industria le da la espalda.