Matt Damon construyó una de las carreras más envidiables de Hollywood. Trabajó con Ridley Scott, Spielberg, Scorsese y Nolan, es actor, productor y guionista —ganó el Oscar al mejor guion original por El indomable Will Hunting (1997)— y protagonizó éxitos que van de Salvar al soldado Ryan a la saga Bourne. Pero lo curioso es que su carrera no se explica solo por las películas que aceptó, sino también por las que rechazó. Y para tomar esas decisiones, se guió toda la vida por un personaje secundario de una película de 1968.

La historia se remonta a los inicios de Damon, cuando todavía dormía en el sofá de un amigo. En ese momento, Sam Raimi le ofreció protagonizar el western Rápida y mortal (1995), lo que significaba la mayor cantidad de dinero que le habían ofrecido en su vida hasta entonces. Damon dijo que no. Simplemente no le gustó el guion.

¿Cómo justificó semejante decisión? Con Robert Duvall en Bullitt (1968), el clásico protagonizado por Steve McQueen. Damon les contó a sus agentes que la noche anterior había visto la película, y que el personaje de Duvall —un taxista con apenas cuatro frases en todo el film— era totalmente creíble y estaba realmente bien. Su conclusión fue clara: Duvall aparecía en grandes películas justamente porque no aceptaba cualquier cosa. Esa filosofía se convirtió en su brújula.

El papel que Damon rechazó terminó en manos de Leonardo DiCaprio, junto a Sharon Stone. La película fue un fracaso, así que el instinto de Damon resultó acertado.

Duvall, que falleció en febrero, fue un verdadero referente para él. De hecho, tuvieron la oportunidad de trabajar juntos al principio de la carrera de Damon, en Geronimo: Una leyenda (1993), aunque esa película tampoco funcionó. Por suerte, a Damon le esperaban tiempos mucho mejores: hoy su filmografía incluye desde Marte (2015) hasta La Odisea (2026) de Christopher Nolan, la segunda película más taquillera del año, con 1.302 millones de dólares recaudados en todo el mundo.